1. Algunos apuntes sobre el universo simbólico preindoeuropeo

Marija Gimbutas (1921-1994).
Marija Gimbutas (1921-1994).

Guillermo Piquero.

Partiendo de la premisa expuesta por la arqueóloga Marija Gimbutas en el párrafo anterior, de que en la cosmovisión ancestral vasca son reconocibles “muchos aspectos culturales de la Vieja Europa pre-indoeuropea”, trataremos de exponer en este capítulo algunos conceptos fundamentales que de dicha cosmovisión aborigen han conseguido sobrevivir hasta nuestros días, bien a través del arte desenterrado en yacimientos arqueológicos a lo largo de las últimas décadas, bien a través de pequeños islotes culturales aún presentes en la mitología, el folklore o la etnografía actuales. En este sentido, no cabe ninguna duda que Gimbutas es responsable de las más relevantes investigaciones llevadas hasta la fecha en torno a dicho universo simbólico preindoeuropeo, por lo que tomaremos sus investigaciones como referencia e hilo conductor en este inicio del relato.

 

Así, a través de estudios interdisciplinares (mitología comparada, fuentes históricas tempranas, lingüística, folklore, etnografía,…) que revolucionaron la forma de aproximarse a la prehistoria y que ella denominaba arqueomitología, Gimbutas recopiló y cotejó la información desenterrada en más de 3.000 yacimientos del Neolítico europeo (Hungría, Serbia, Croacia, Bulgaria, Rumania, Austria, Polonia, Italia, Grecia, Sicilia, Malta, Chipre, Turquía,…) a los que agrupó en un gran complejo cultural que denominó la Civilización de la “Vieja Europa” (Old Europe).

 

“El término Vieja Europa se aplica a la cultura pre-indoeuropea, una cultura matrifocal y probablemente matrilineal, agrícola y sedentaria, igualitaria y pacífica. Contrasta agudamente con la cultura posterior indoeuropea, que era  patriarcal, estratificada, pastoril, nómada y guerrera, que se impuso en toda  Europa (excepto en algunas franjas geográficas del sur y del oeste del continente), a lo largo de tres olas de infiltración desde las estepas rusas, entre el 4.500 y el 2.500 a.C.” Marija Gimbutas, “Diosas y Dioses de la Vieja Europa”.

 

Este choque histórico entre los complejos culturales preindoeuropeo e indoeuropeo, teorizado por la arqueóloga en su ya famosa hipótesis de los kurganes,  supuso un vuelco de extraordinarias consecuencias en la historia de nuestro continente. Conocerlo en profundidad es también indagar en las raíces culturales primigenias de lo que hoy denominamos Civilización Occidental y nos ayuda a entender nuestro presente como una consecuencia evolutiva de aquellos procesos históricos que las culturas indoeuropeas pusieron en marcha para aniquilar las condiciones originales de vida de las culturas indígenas de nuestro continente (matrifocal, igualitaria, pacífica,…). No obstante, y antes de proseguir, convendría aportar una pequeña descripción terminológica para ayudarnos a contextualizar correctamente ambas corrientes culturales. 

 

Por un lado, el término “indoeuropeo” comenzó a utilizarse  a mediados del SXIX en el ámbito de los estudios lingüísticos para definir a una serie de lenguas, pertenecientes a una misma familia idiomática, cuya influencia geográfica se extendía originariamente y como nos indica el propio término, desde Europa Occidental hasta el Valle del Indo. De estas lenguas descienden la inmensa mayoría de las que actualmente se hablan en Europa. Posteriormente se descubriría que los pueblos que originariamente hablaban dichas lenguas, así como la cultura de substrato común que compartían, no eran originarios de dicho espacio geográfico, sino que se impusieron gradualmente sobre las poblaciones autóctonas de dicho territorio durante un largo proceso histórico (invasiones indoeuropeas) que comenzó hace aproximadamente seis mil años. A estas culturas indígenas, anteriores (pre-) a la llegada de los indoeuropeos, se las denomina en el mundo académico bajo el genérico nombre de preindoeuropeas.

 

Mapas con los principales complejos culturales preindoeuropeos.
Mapas con los principales complejos culturales preindoeuropeos.

 

Actualmente el uso del término “preindoeuropeo” ha trascendido el mero estudio de la evolución de las lenguas y se utiliza también para definir a todas aquellas cosmovisiones y mitologías anteriores a la llegada del nuevo imaginario mítico (belicista y patriarcal) que trajeron consigo los invasores indoeuropeos. Hasta entonces, las evidencias arqueológicas son bastante explicitas sobre la existencia de una ancestral cosmovisión matrística y naturalista, que en oposición a las deidades patriarcales indoeuropeas, tenía como figura central de su panteón mitológico a una Gran Diosa que regía los ciclos de vida, muerte y regeneración de la naturaleza.

 

Según la hipótesis de la arqueóloga Marija Gimbutas, las culturas preindoeuropeas suponían la última fase de desarrollo y evolución de un gran periodo cultural ininterrumpido de más de 30.000 años (del Paleolítico Superior al Neolítico) en el que se desarrolló una misma cosmovisión indígena europea.

 

"Venus de Hohle Fels" (Alemania, 38.000 años).
"Venus de Hohle Fels" (Alemania, 38.000 años).

“El análisis del imaginario mítico de la Vieja Europa ha reconstruido el eslabón entre la religión del Paleolítico Superior y el substrato preindoeuropeo de las culturas europeas […] La persistencia de la veneración a la Diosa durante más de veinte mil años, desde el Paleolítico Superior al Neolítico y más allá, se  demuestra por la continuidad de una variedad de series de imágenes convencionalizadas. Los aspectos específicos de sus cualidades, tales como el de dar la vida, la fertilidad y el parir nuevas criaturas, es extraordinariamente persistente. […] En arte e imaginería míticos no es posible establecer un límite entre estos dos periodos, el Paleolítico y el Neolítico, de la misma manera que no es posible separar radicalmente plantas silvestres y cultivadas y animales salvajes y domésticos. La mayoría del simbolismo de los primeros agricultores fue tomada de los cazadores-recolectores.” Marija Gimbutas, “Diosas y Dioses de la Antigua Europa”

 

Hoy sabemos que Gimbutas se quedó corta en sus estimaciones, pues los nuevos descubrimientos en torno a la verdadera antigüedad de algunas pinturas rupestres paleolíticas evidencian que fueron obra de la cultura de Neanderthal, lo que nos obliga a buscar todavía mucho más atrás en el tiempo el inicio de esta ancestral cosmovisión indígena; tan atrás que podríamos aventurarnos a calificarla como parte intrínseca de la originaria naturaleza humana. Y si bien cada vez son más las evidencias arqueológicas paleolíticas que nos ayudan a redescubrir este primigenio universo simbólico, es durante el periodo Neolítico preindoeuropeo donde las muestras arqueológicas son más numerosas y explicitas en cuanto su posible significado, ofreciéndonos valiosas pistas sobre las creencias y el imaginario mítico de nuestros ancestros.

 

En este sentido, los hallazgos que realizó Gimbutas a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo, demostraban a través de las evidencias arqueológicas, lo que J.J.Bachofen había intuido 100 años antes a través de estudio de las fuentes clásicas. Una civilización pacifica e igualitaria, en la que lo maternal y lo sagrado femenino parecen ser los pilares fundamentales en los que de sustentaban la organización social y la cosmovisión de aquellas primeras culturas agrícolas europeas. 

 

“Esta cultura se deleitó con las maravillas de éste mundo y sus gentes y, a pesar de que conocían la metalurgia, no produjeron armas letales ni levantaron fortificaciones en lugares inaccesibles, tal como hicieron sus sucesores, en vez de esto, construyeron magníficas tumbas-santuario y templos, casas confortables en poblados de un tamaño regular y crearon esculturas y cerámicas soberbias. Este fue un periodo duradero de asombrosa creatividad y estabilidad, una época libre de luchas: la suya era una cultura artística.” Marija Gimbutas, “El lenguaje de la Diosa.”

 

Cultura Vinca y Cultura Cucuteni, dos ejemplos de la Civilización de la Vieja Europa excavada por Marija Gimbutas.

 

Así, como reflejo de su forma de entender el mundo, aquellos pueblos crearon una inmensa producción artística que simbólicamente contrastaba enormemente con el posterior arte grecorromano que aún hoy en día, sigue ocupando el lugar central en nuestros libros de historia como principal referente de la antigüedad. En las miles de representaciones pictóricas y escultóricas del arte preindoeuropeo que analizó Gimbutas, no encontró ni un solo motivo militar, ni representaciones de caudillos o batallas, sino un arte colorido y naturalista que la arqueóloga definió como de “celebración de la vida”:

 

“La celebración de la vida es la razón fundamental de la ideología y el arte de la Vieja Europa (pre-indoeuropea). En ella no hay inmovilismo; la energía vital se mueve constantemente como una serpiente, una espiral o un torbellino. (…) Las columnas vitales, las serpientes que ascienden enroscándose, los frondosos árboles, las abejas y las mariposas que surgen de las tumbas, cuevas y grietas o el poderoso útero de la Diosa; una forma se disuelve convirtiéndose en otra: la transformación de un ser humano en animal, de serpiente en árbol, de útero en pez, rana, erizo o bucráneo y, de éste, en mariposa, era una manera de percibir la reemergencia de la energía vital bajo otras formas. Esto no significa que la muerte se olvidase, ya que en el arte se manifiesta mediante la desnudez del  hueso, los perros aullando, el búho de voz lastimera, el cernir de los buitres y los peligrosos verracos. El tema de la muerte provocaba, sin duda, una honda preocupación, pero la clara percepción de la periodicidad de la Naturaleza, basada en los ciclos de la luna y de la fisiología del cuerpo femenino, condujo a la creación de una sólida creencia en la regeneración inmediata de la vida en el mismo momento de la muerte. No existía la simple muerte, sino, solamente, muerte y regeneración; y esta era la clave del himno a la vida reflejado en dicho arte.” Marija Gimbutas, “El lenguaje de la Diosa.”

 

Frisos y mosaicos de la cultura cretense preindoeuropea

 

En el mismo sentido que Gimbutas, el reputado arqueólogo griego Nikolaos Platon,   resume a continuación las características del arte cretense preindoeuropeo, así como el tipo de organización social de aquella cultura insular. Una descripción que puede considerarse como perfectamente extrapolable al resto de áreas culturales que conformaban la Civilización de la Vieja Europa:

 

Estatuilla de sacerdotisa cretense.
Estatuilla de sacerdotisa cretense.

“Su cultura parece haber sido básicamente igualitaria, pacífica, próspera y jovial. Sus ciudades carecían de muros defensivos, y en su arte no se aprecian escenas de violencia. Aquí la sucesión se transmitía por línea femenina y el conjunto de la vida estaba impregnado por una ardiente fe en la Diosa Naturaleza […]. Su arte, a la vez grácil y realista, entona un himno a la naturaleza lleno de formas ondulantes y dinámicas, revolotean las abejas, saltan gozosos los delfines, ondean las serpientes, vuelan libres los pájaros. Todo fluye, como atestiguara Heráclito muchos siglos después. En el centro de las escenas suele estar la Diosa, a menudo representada como una bella muchacha de pechos descubiertos, a veces rodeada de sacerdotisas y jóvenes varones. Las figuras humanas aparecen llenas de vida, plácidas, espontáneas, siempre gesticulando, en marcado  contraste con las rígidas poses del arte egipcio de la época. Asoma una cultura basada en la celebración de la vida. No hay hordas ni estados sino poblaciones autónomas de varios miles de habitantes; se conoce la metalurgia, pero no se aplica para fabricar armas; no se levantan fortificaciones ni hay si  gnos de violencia, pero existe un arte floreciente... su culto está guiado por mujeres y la descendencia pasa por línea femenina, pero no hay dominio sobre los hombres sino igualdad entre los sexos”. Nikolaos Platon

 

Pero además de este canto a la vida que contenía el arte preindoeuropeo, Marija Gimbutas descubrió un significado mucho más profundo que subyacía en todo aquel imaginario mítico y naturalista, y que plasmó primeramente en su obra “Diosas y dioses de la antigua Europa” y, posteriormente, de manera más profunda y detallada en “El lenguaje de la Diosa. Con este último título, la arqueóloga hacía referencia al amplio glosario de signos e ideogramas (meandros, espirales, retículas, vulvas, semillas, huevos, serpientes,…) que aparecían de forma reiterada y repetitiva en asociación con figuras antropomorfas y antropo-zoomorfas femeninas y que, según Gimbutas, conformaban una escritura pictográfica basada en un “alfabeto de lo metafísico”, mediante la cual nuestros ancestros expresaban su cosmovisión naturalista y sagrada.

 

Para entendernos a través de una analogía, esta escritura pictográfica preindoeuropea sería similar a los símbolos y motivos geométricos que decoran tejidos, vestimentas o toda clase de objetos artísticos de muchas culturas indígenas actuales, los cuales, desde la mirada occidental, no son más que unos bonitos ornamentos, pero que sin embargo tienen un significado cosmológico y espiritual profundo desde cada cosmovisión indígena concreta.

 

“Estos signos constituyen la gramática y la sintaxis de una especie de metalenguaje con el que se transmite toda una compleja constelación de significados que revelan la percepción básica del mundo cultural de la Europa primitiva (la pre-indoeuropea). En un estricto sentido de la palabra, los símbolos rara vez son abstractos; sus conexiones con la naturaleza persisten y así permiten ser descubiertos a través del contexto y sus asociaciones (…) Constituyen un complejo sistema en el que cada unidad esta interrelacionada con el resto, en lo que parecen ser categorías específicas. (…)  Las asociaciones sistemáticas en el Próximo Oriente, en el Sureste de Europa, en la zona Mediterránea y en el centro, oeste y norte de Europa, indican que una misma religión de la Diosa se extendió por todas estas regiones como un sistema ideológico cohesivo y persistente.” Marija Gimbutas, “El lenguaje de la Diosa.”

 

 

Estamos hablando pues de un arte sacro, que trasciende lo puramente ornamental y en el que estaría inscrito, a través de un complejo lenguaje simbólico, los aspectos fundamentales de lo que en este trabajo denominamos la cosmovisión indígena europea. Dicha cosmovisión y a tenor de la similitud entre las expresiones artísticas halladas en yacimientos arqueológicos de un inmenso espacio geográfico que abarca desde la Europa Atlántica hasta el Valle del Indo, parece evidenciar que fue compartida, en sus aspectos esenciales, por todas las culturas de la Era neolítica pre-indoeuropea.

 

Y para aquellos investigadores que se empeñan en minusvalorar el trabajo de “decodificación” e interpretación del arte simbólico prehistórico que emprendió Gimbutas, calificándolo como “una hipótesis más entre otras muchas”, hay que recordar que tanto Mircea Eliade como Joseph Campbell, las dos mayores referencias mundiales en los estudios de las religiones y mitologías comparadas, elogiaron el trabajo de la arqueóloga. El propio Campbell, unos meses antes de morir, redacto el prefacio del libro “El lenguaje de la Diosa”, calificando los hallazgos de Gimbutas como una nueva Piedra Rosetta con la que poder descifrar la cosmovisión de los europeos prehistóricos:

 

“De la misma forma en que, hace siglo y medio, al descifrar la Piedra Rosetta, Jean Francois Champollion fue capaz de establecer un glosario de signos hieroglíficos que servirían de llaves para abrir todo el gran tesoro del pensamiento religioso egipcio comprendido entre aproximadamente 3.200 a.C. y el período de los Ptolomeos, Marija Gimbutas, en la recopilación, clasificación e interpretación descriptiva de unos dos mil artefactos simbólicos, procedentes de los yacimientos de los pueblos neolíticos más antiguos (7000/3500 a.C.), ha sido capaz no sólo de elaborar un glosario fundamental de los motivos pictóricos (piezas fundamentales de la mitología de una Era que, por otra parte, está aún por documentar), sino también, en base a la interpretación de esos signos, establecer las principales líneas y temas de una religión que venera tanto al universo como al cuerpo vivo de la Diosa-Madre Creadora, así como a todos los seres vivos que, dentro de ella, participan de su divinidad.” Joseph Campbell, prefacio del libro “El lenguaje de la Diosa