Capítulo 1


Las culturas indígenas preindoeuropeas

"Su cultura parece haber sido básicamente igualitaria, pacífica, prospera y jovial. Sus ciudades carecían de muros defensivos, y en su arte no se aprecian escenas de violencia (...) Asoma una cultura basada en la celebración de la vida. No hay hordas ni estados, sino poblaciones autónomas de varios miles de habitantes; se conoce la metalurgia, pero no se aplica para fabricar armas. (...) Su culto esta guiado por mujeres y la descendencia pasa por línea femenina, pero no hay dominio sobre los hombres sino igualdad entre los sexos.”  Nikolas Platón, director del Museo Arqueológico de Heraklion.


 

El término “indoeuropeo” comenzó a utilizarse a mediados del siglo XIX en el ámbito de los estudios lingüísticos para definir a una familia idiomática, mayoritaria hoy en día en nuestro continente, cuya influencia geográfica se extendía inicialmente —y como nos indica el propio término— desde Europa Occidental hasta el valle del Indo. Posteriormente se descubriría que los pueblos que hablaban dichas lenguas, así como la cultura de sustrato común que compartían, no eran originarios de dicho espacio geográfico, sino que se impusieron gradualmente sobre las poblaciones autóctonas durante una larga transición histórica que comenzó hace aproximadamente seis mil años (invasiones indoeuropeas). A estas culturas indígenas, anteriores a la llegada de los indoeuropeos, se las denomina en el mundo académico bajo el nombre genérico de "preindoeuropeas".

 

Actualmente el uso dicho término ha trascendido el mero estudio de la evolución de las lenguas y se utiliza también para definir a todas aquellas cosmovisiones y mitologías anteriores a la llegada del nuevo imaginario mítico —belicista y patriarcal— que trajeron consigo los invasores indoeuropeos. Hasta entonces, las evidencias arqueológicas son bastante explicitas sobre la existencia de una ancestral cosmovisión naturalista que, en oposición a las deidades patriarcales indoeuropeas, tenía como figura central de su panteón mitológico a una Gran Diosa que personificaba los ciclos de vida, muerte y regeneración de la naturaleza. 

 

Este tiempo del que hablamos es coincidente con la aparición de la agricultura y el progresivo sedentarismo, lo que ha venido a conocerse como Revolución Neolítica (el paulatino paso de las sociedades cazadoras-recolectoras hacia la agricultora) y en muchas regiones europeas coincidiría además, aunque un poquito más adelante, con la llamada cultura megalítica. Todo esto comenzaría a ocurrir hace unos 10.000 años.

 

“El término Neolítico significa literalmente edad de piedra nueva. Cuando se introdujo por primera vez  en el siglo XIX, otorgaba reconocimiento a la aparición de instrumentos líticos que habían sido preparados mediante técnicas de pulimentado. Hoy en día, el término se utiliza para designar no sólo nuevos métodos de trabajar la piedra, sino también nuevos métodos de producción de alimentos. Durante el Neolítico se logro un mayor control de la reproducción de plantas y animales gracias al desarrollo de la agricultura y la ganadería. Esto a su vez sentó las bases materiales para el surgimiento de densos asentamientos sedentarios y un rápido crecimiento demográfico” Marvin Harris, “Introducción a la antropología general”.

 

Podemos dividir el gran área geográfica que antaño ocuparon estos primeros asentamientos humanos del Neolítico en 4 grandes complejos culturales (ver mapa superior). Empezando por Occidente, la cultura megalítica, que se desarrolló principalmente en el llamado Arco Atlántico Europeo, y cuyo legado artístico y arquitectónico más conocido son los restos de numerosos dólmenes, menhires y cromlechs que han llegado hasta nuestros días. En Europa Oriental, tenemos la bautizada por Gimbutas como Civilización de la Vieja Europa (Old Europe), que la arqueóloga clasificó a su vez en 7 áreas culturales diferentes. Por su parte, en Oriente Próximo nos encontramos con el llamado Creciente Fértil, que engloba a las primeras civilizaciones del Antiguo Egipto, Cannan, Anatolia y Mesopotamia. Y finalmente la llamada Civilización del Valle del Indo que abarcaba áreas geográficas de las actuales Afganistán, Pakistán e India.

 

Mapas con los complejos culturales pre-indoeuropeos más relevantes
Mapas con los complejos culturales pre-indoeuropeos más relevantes

 

De entre todas estas áreas geográficas, destaca por su complejidad cultural y desarrollo temprano, la Civilización de la Vieja Europa (Old Europe), término acuñado por la arqueóloga Marija Gimbutas para referirse a las culturas neolíticas que se desarrollaron en una extensa área geográfica del centro y sudeste de Europa. Así, a través de estudios interdisciplinares (mitología comparada, fuentes históricas tempranas, lingüística, folclore, etnografía…) que revolucionaron la forma de aproximarse a la prehistoria y que ella denominaba arqueomitología, Gimbutas recopiló y cotejó la información desenterrada en más de 3.000 yacimientos de Hungría, Serbia, Croacia, Bulgaria, Rumanía, Austria, Polonia, Italia, Grecia, Sicilia, Malta, Chipre, Turquía,….  

 

Marija Gimbutas (1921-1994)
Marija Gimbutas (1921-1994)

“El término Vieja Europa se aplica a la cultura preindoeuropea, una cultura matrifocal y probablemente matrilineal, agrícola y sedentaria, igualitaria y pacífica. Contrasta agudamente con la cultura posterior indoeuropea, que era  patriarcal, estratificada, pastoril, nómada y guerrera, que se impuso en toda  Europa (excepto en algunas franjas geográficas del sur y del oeste del continente), a lo largo de tres olas de infiltración desde las estepas rusas, entre el 4.500 y el 2.500 a.C.” Marija Gimbutas, “Diosas y Dioses de la Vieja Europa”.  Por su parte el escritor Josu Naberan señala:

 

“En los milenios VII, VI, y V a/c., los agricultores del Este de Europa desarrollaron un modelo cultural peculiar, una cultura contemporánea, al menos, a las que se desarrollaban en Anatolia, Mesopotamia, Siria, Palestina y Egipto. Esa cuna de la civilización comprende los mares Egeo y Adriático (las islas incluidas), y llega al norte hasta las actuales República Checa, Eslovaquia, sur de Polonia y oeste de Ucrania, incluyendo en su centro los Balcanes, Moldavia y la Cuenca del Danubio Medio. Es el área cultural al que la eminente antropóloga Marija Gimbutas ha bautizado con el nombre de Old Europe (Vieja o Antigua Europa).” Josu Naberan, “La vuelta de Sugaar”.

 

LA VIEJA EUROPA (7.000-3.500 a.c.): Hungría, Serbia, Croacia, Bulgaria, Rumania, Austria, Polonia, Italia, Grecia, Malta, Chipre, Turquía,…
LA VIEJA EUROPA (7.000-3.500 a.c.): Hungría, Serbia, Croacia, Bulgaria, Rumania, Austria, Polonia, Italia, Grecia, Malta, Chipre, Turquía,…

La escritora Casilda Rodrigañez detalla a continuación los siete principales complejos culturales que conformaban  la Vieja Europa:

 

“Se han clasificado siete complejos culturales, que han recibido los nombres de sus regiones o lugares de asentamiento: Adriático, subdividido en las culturas Impresso, Danilo-Butmir y Hvar (datadas del 6400 al 3500 a.c.); Egeo, subdividido en Pre-cerámica, Sesklo y Neolítico tardío (7500 a 3500 a.c.); Centro de los Balcanes, subdividido en Satarcevo, y Vinca (6400 a 3500 a.c.); Este de los Balcanes, subdividido en Karanovo, Boian y Gumelnita (6300 a 3500 a.c.); Moldavia y Este de Ucrania, subdividido en Dniesterburg, proto-Cucuteni y Cucuteni (6300 a 3500 a.c.); Danubio Medio, subdividido en Lineal y Lengyel (6000 a 3500 a.c.) y Tisza, subdividido en Alfold, Tisza-Bukk y Tisza-Polgar (6300 a 3500 a.c.).” Casilda Rodrigañez, “El asalto al Hades”.

 

Los asentamientos humanos de la Vieja Europa estaban en grandes espacios abiertos junto a ríos y carecían de muros defensivos.
Los asentamientos humanos de la Vieja Europa estaban en grandes espacios abiertos junto a ríos y carecían de muros defensivos.

Desde un punto de vista antropológico, las culturas preindoeuropeas nos muestran que mucho antes de que surgieran las vanagloriadas civilizaciones egipcia, mesopotámica, griega o romana, ya existían en Europa culturas con un alto nivel de desarrollo técnico (navegación a vela, uso extendido del telar, sistemas de irrigación, escritura pictórica, abundante producción artística…), pero que no necesitaban ni de ejércitos, ni de esclavos para mantener su modo de vida.

 

Aquellos primeros asentamientos agrícolas preindoeuropeos, algunos de hasta 20.000 habitantes, estaban ubicados en el centro de grandes valles abiertos, en lugares estratégicamente vulnerables pero, sin embargo, carecían de muros defensivos y en los estratos arqueológicos no aparecen rastros de guerras durante periodos de más de dos mil años ininterrumpidos. En su arte colorido y naturalista tampoco aparece ni un solo motivo militar, y aunque conocían la metalurgia no la aplicaban para fabricar armas. Su organización social era matrifocal, sin ser esto indicativo de ningún tipo de dominio del género femenino sobre el masculino. Los restos arqueológicos muestran una sociedad que sin querer caer en la utopía, al menos podemos afirmar que, en gran medida, tendía hacia la equidad social y de género.

 

“En cuanto a la relación entre mujeres y hombres en la vieja Europa, las pruebas arqueológicas indican que aparentemente no había una superioridad social de los hombres sobre las mujeres y que, en general, la distribución de los bienes en sus cementerios apunta a una sociedad igualitaria y claramente no patriarcal. Según Gimbutas, ésta era una sociedad matrilineal, en la que la descendencia y la herencia se transmitían a través de la madre y en la que las mujeres jugaban un papel esencial en los ritos religiosos.” Anne Baring y Jules Cashford, “El mito de la Diosa”

 

Hace 7.500 años la cultura de Cucuteni floreció en terrenos de la actual Rumanía, Moldavia y Ucrania. Durante más de dos mil años no hay rastros de guerras o invasiones
Hace 7.500 años la cultura de Cucuteni floreció en terrenos de la actual Rumanía, Moldavia y Ucrania. Durante más de dos mil años no hay rastros de guerras o invasiones

Josu Naberan resume así los rasgos sociales característicos de la Vieja Europa

 

"Según nos revelan diversos estudios arqueológicos (como los de James Mellaart y su grupo de arqueólogos que descubrieron dos ciudades enteras del neolítico en Anatolia, o los cientos de lugares examinados por el equipo de Marija Gimbutas en Grecia, Rumanía, Los Balcanes, Polonia, Ucrania,...) las sociedades de la Antigua Europa se caracterizaban por:

  1. Explotación agrícola de fértiles valles atravesados por ríos  en los que sembraban trigo, avena, cebada y diversas legumbres.
  2. Los restos arqueológicos de aquella época no muestran sólidas murallas ni fortalezas, y en su abundante arte no se reflejan motivos guerreros, batallas memorables, ni armas letales. Edificaron sus viviendas en valles abiertos, a la orilla de los ríos, y no, como lo harían posteriormente los indoeuropeos, en lugares de difícil acceso rodeados de gruesas murallas. Además en las citadas ciudades no aparecen daños de guerra durante largos periodos de siglos.
  3. Aquella sociedad no era patriarcal, eso no quiere decir que fuera matriarcal, sino que no hay indicios de dominio, supeditación o discriminación de un género sobre otro. Ni en el sistema de división del trabajo, ni en los enterramientos, ni en ningún otro detalle.
  4. La Diosa aparece como el símbolo principal y omnipresente en todo aquel mundo".
 CULTURA VINCA, 7.500 años. Desarrollaron una escritura pictórica dos mil años anterior a la Sumeria.  Fue la primera cultura en trabajar el cobre, pero no lo aplicaban para fabricar armas. Más de dos mil años sin rastros de guerras o invasiones.
CULTURA VINCA, 7.500 años. Desarrollaron una escritura pictórica dos mil años anterior a la Sumeria. Fue la primera cultura en trabajar el cobre, pero no lo aplicaban para fabricar armas. Más de dos mil años sin rastros de guerras o invasiones.

Todos estos pueblos neolíticos están interconectados por una red de comercio o intercambio. Encontramos grandes cantidades de estatuillas y objetos de obsidiana en poblaciones distantes en miles de kilómetros de cualquier región volcánica. Estas sociedades evolucionan progresivamente y en continuidad sin ningún tipo de alteración brusca (no hay el menor digno de guerras, saqueos, incendios, crisis económicas, etc.) hasta desembocar en un estadio de desarrollo que en arqueología se conoce como Calcolítico. Ya en el 5500 a.c. podemos hablar de civilización calcolítica en las islas del Egeo, parte de Europa oriental, Anatolia y Oriente Medio. Así resume las características de dicha civilización Joan Coy: 

 

- Se practica la agricultura de una gran variedad de hortalizas, legumbres, frutales, y cereales. Canalización de aguas y complejos sistemas de irrigación.

 

- Están domesticados todos los animales que hoy día se emplean en estas regiones del mundo, excepto el caballo.



- Uso extendido del telar, el horno de pan, y la alfarería. Se trabajan materiales como el mármol, la obsidiana, el marfil, el oro, la plata, el cobre, y el estaño.Abundante producción artística (estatuas, adornos corporales, pintura de vivos colores en cerámica , telas, todo tipo de útiles y objetos…) que abarcaba todos los aspectos de la vida cotidiana. Elevado grado de expresividad artística, sugerencia, y simbolismo, especialmente en cerámica y estatuillas, que nos ofrecen además mucha información acerca del tipo de ropa, modo de vida, etc. Sólo en el yacimiento de Vinca, en los Balcanes centrales, Gimbutas desenterró más de 2.000 estatuillas del sexto milenio a. C.

 

- Navegación por barco de vela. En varias vasijas del sexto milenio antes de cristo aparecen barcos de vela dibujados. Gracias a los yacimientos de las islas del Egeo conocemos, además, que el comercio marítimo era ya abundante.



 

- Centros urbanos de hasta 20.000 habitantes

.

 

- Existencia de la escritura (ver imagen superior):.No se han encontrado largos textos como en el caso de las posteriores tablillas cretenses, mesopotámicas, o egipcias, pero sí numerosos objetos con inscripciones. Los más antiguos pertenecen a la cultura Vinca (Balcanes centrales), datados entre el 5.500 y 5.300 a.C. (una hipótesis sobre el desciframiento de dicha escritura puede consultarse aquí ).

 

Como señala Gimbutas, si la civilización se define como "la aptitud de un pueblo para desarrollar las artes, la tecnología y una escritura apropiada, así como para mantener relaciones sociales", está claro que esa Antigua Europa fue una civilización exitosa. Esa civilización alcanzó su clímax en el V milenio, pero los comienzos se remontan a dos milenios antes:

 

“Mis propias excavaciones en el sureste de Europa muestran que entre hace 8.000 y 6.000 años la gente vivía más cómodamente que en algunos lugares del siglo XX. Cuando hace veinte años, excavé un poblado de 7.000 años de antigüedad en el sureste de Yugoslavia, desenterramos casas espaciosas y pulcras con losas de piedra en el suelo, y en los altares de los hogares encontramos vasijas exquisitas en forma de pájaro, esculturas de tamaño natural o en miniatura de animales y deidades, vasijas de casi un metro de alto con la cara de la Diosa en su cuello... y muchos otros artefactos notables. Irónicamente, el equipo de excavación vivía en cobertizos construidos con estiércol de vaca, en un ambiente mugriento, sin agua corriente. Hace cuatro mil años, los templos-palacio minoicos tenían agua corriente y agradables lavabos. Está claro que no hubo un desarrollo progresivo de la civilización”. Marija Gimbutas, "Diosas y dioses de la antigua Europa".

 

Por su parte Casilda Rodrigáñez señala:


“Entre el 7000 y el 3500 a.c. los habitantes de la Vieja Europa desarrollaron una organización social compleja. Según Gimbutas, pequeñas ciudades más que pueblos (como por ejemplo, la de Tal´noe, al sur de Kiev, de 1500 casas en un área de 700 acres y con una población de 20.000 personas, datada del 5000 a.c.), con un alto grado de organización no jerarquizada y especialización cultural y tecnológica reflejada en las herramientas y objetos de adorno y uso, de cobre y oro, mármol y arcilla. […] . Y todo ello decorado con pintura, grabado o esculpido. Como explican los especialistas, tan importante es lo que representan las imágenes dibujadas, como lo que no aparece en ningún sitio (escenas de guerras, de héroes peleando y recibiendo honores, arsenales de armas, etc).” Casilda Rodrigañez, “El asalto al Hades”.

 

Sobre el carácter pacifico y fraternal de la culturas preindoeuropeas Joan Coy afirma:

 

“La relación entre unas poblaciones y otras era pacífica. No existe, a lo largo de milenios, el menor rastro de saqueo o invasión. En el arte, que representa gran cantidad de escenas de la vida cotidiana y muestra una gran riqueza de motivos y simbología, no aparecen nunca guerreros, personas armadas, escenas de guerra o cualquier motivo directa o indirectamente perteneciente a la imaginería bélica. Las ciudades no se construyen en lugares estratégicamente defensivos, como riscos y altos escarpados, sino en llanuras abiertas. No hay murallas ni estructuras defensivas (la única excepción es la célebre muralla de Jericó, que actualmente es considerada por muchos investigadores como un dique de contención de agua, y desde luego no constituye una prueba de existencia de estructuras defensivas). Tampoco espadas, armaduras, ni ningún otro pertrecho de guerra.” Joan Coy, “La Historia oculta”.

 

Asentamiento de Catal Huyuk (Turquía). Del 7.500 al 5.000 a.c. sin muros defensivos ni rastros de guerras o invasiones.
Asentamiento de Catal Huyuk (Turquía). Del 7.500 al 5.000 a.c. sin muros defensivos ni rastros de guerras o invasiones.

Según la hipótesis de Gimbutas, estas culturas de la Vieja Europa suponían la última fase de desarrollo y evolución de un gran periodo cultural ininterrumpido de más de 30.000 años (del Paleolítico Superior al Neolítico) en el que se desarrolló una misma cosmovisión indígena europea. Dicha espiritualidad naturalista tuvo como símbolo principal al espíritu viviente de la Madre Tierra, a la Gran Diosa, cuya expresión artística más representativa lo constituyen las miles de pequeñas estatuillas (venus paleolíticas y neolíticas) halladas en numerosos yacimientos arqueológicos, no sólo de la Vieja Europa, sino también en los excavados a lo largo y ancho del inmenso territorio geográfico que antaño ocuparon las culturas preindoeuropeas. Este simbolismo sagrado femenino es claramente constatable en el arte de las primeras culturas del llamado Creciente Fértil de Oriente Próximo: Egipto, Canaan, Anatolia y Mesopotamia desde dónde se extiende hasta el Valle del Indo. Y también puede rastrearse en relación a la cultura megalítica de la Europa Atlántica y del mediterráneo occidental. Pero además en todas estas áreas ha llegado hasta nuestros días el nombre de su divinidad femenina correspondiente: Isis en Egipto, Astarte en Canaan, Cibeles en Anatolia, Inanna en Mesopotamia, Sakti entre los drávidas del Indo, etc.

 

Mano en negativo hallada en el asentamiento preindoeuropeo de Catal Huyuk en Anatolia (actual Turquía). Demuestra un continuum  simbolico con el arte del Paleolítico Superior.
Mano en negativo hallada en el asentamiento preindoeuropeo de Catal Huyuk en Anatolia (actual Turquía). Demuestra un continuum simbolico con el arte del Paleolítico Superior.

    “El análisis del imaginario mítico de la Vieja Europa ha reconstruido el eslabón entre la religión del Paleolítico Superior y el substrato preindoeuropeo de las culturas europeas […] La persistencia de la veneración a la Diosa durante más de veinte mil años, desde el Paleolítico Superior al Neolítico y más allá, se demuestra por la continuidad de una variedad de series de imágenes convencionalizadas. Los aspectos específicos de sus cualidades, tales como el de dar la vida, la fertilidad y el parir nuevas criaturas, es extraordinariamente persistente. […] En arte e imaginería míticos no es posible establecer un límite entre estos dos periodos, el Paleolítico y el Neolítico, de la misma manera que no es posible separar radicalmente plantas silvestres y cultivadas y animales salvajes y domésticos. La mayoría del simbolismo de los primeros agricultores fue tomada de los cazadores-recolectores.” ”. Marija Gimbutas, “Diosas y Dioses de la Antigua Europa”

 

Estatuillas paleolíticas (40.000a.C-15.000 a.C).
Estatuillas paleolíticas (40.000a.C-15.000 a.C).
Estatuillas neolíticas (7.000a.C-3.000 a.C)
Estatuillas neolíticas (7.000a.C-3.000 a.C)

Del mismo modo que ocurre con el continuum simbólico entre el arte paleolítico y neolítico, parece lógico suponer, que la fraternidad y la equidad social características de la Vieja Europa también pudiera considerarse como prolongación y herencia del tipo de organización social y familiar que pudieron desarrollar sus antepasados paleolíticos. Esta hipótesis cobra gran verosimilitud si tomamos como referencia a los estudios de etnología comparada. Así, si nos fijamos en los testimonios de todos aquellos viajeros o etnólogos occidentales que en los últimos siglos contactaron o invadieron a culturas cazadoras-recolectoras que no habían tenido ningún contacto civilizatorio, comprobaremos como en la inmensa mayoría de los casos, dichos viajeros y conquistadores coinciden en recalcar el carácter fraternal, cooperativo e igualitario de todas esas culturas indígenas. Por lo que no parece descabellado suponer, que culturas con un modo de vida similar (como es el caso de las del Paleolítico europeo) desarrollaran igualmente sociedades basadas en la fraternidad y el apoyo mutuo. Todo esto nos vendría a demostrar, en definitiva, que la equidad social, la organización social matrifocal o el modo de vida pacifico entre las culturas preindoeuropeas, no surgieron por “generación espontanea”, sino que fueron fruto del desarrollo y evolución de nuestra naturaleza humana primigenia.

 

“Estas culturas se deleitaron con las maravillas de éste mundo y sus gentes y, a pesar de que conocían la metalurgia, no produjeron armas letales ni levantaron fortificaciones en lugares inaccesibles, tal como hicieron sus sucesores, en vez de esto, construyeron magníficas tumbas-santuario y templos, casas confortables en poblados de un tamaño regular y crearon esculturas y cerámicas soberbias. Este fue un periodo duradero de asombrosa creatividad y estabilidad, una época libre de luchas: la suya era una cultura artística.” Marija Gimbutas, “El lenguaje de la Diosa".


Como reflejo de esta forma de entender y actuar sobre  el mundo, las culturas neolíticas crearon una inmensa producción artística que simbólicamente contrasta enormemente con el posterior arte grecorromano que inunda nuestros libros de historia. Uno de los aspectos simbólicos más relevantes que diferencian ambas épocas lo encontramos precisamente en el hecho de que en las miles de representaciones pictóricas y escultóricas del arte preindoeuropeo que analizó Gimbutas, no encontró ni un solo motivo militar, ni representaciones con escenas míticas violentas, sino un arte colorido y naturalista que la arqueóloga definió como de “celebración de la vida”:

“La celebración de la vida es la razón fundamental de la ideología y el arte de la Vieja Europa (pre-indoeuropea). En ella no hay inmovilismo; la energía vital se mueve constantemente como una serpiente, una espiral o un torbellino. (…) Las columnas vitales, las serpientes que ascienden enroscándose, los frondosos árboles, las abejas y las mariposas que surgen de las tumbas, cuevas y grietas o el poderoso útero de la Diosa; una forma se disuelve convirtiéndose en otra: la transformación de un ser humano en animal, de serpiente en árbol, de útero en pez, rana, erizo o bucráneo y, de éste, en mariposa, era una manera de percibir la reemergencia de la energía vital bajo otras formas. Esto no significa que la muerte se olvidase, ya que en el arte se manifiesta mediante la desnudez del  hueso, los perros aullando, el búho de voz lastimera, el cernir de los buitres y los peligrosos verracos. El tema de la muerte provocaba, sin duda, una honda preocupación, pero la clara percepción de la periodicidad de la Naturaleza, basada en los ciclos de la luna y de la fisiología del cuerpo femenino, condujo a la creación de una sólida creencia en la regeneración inmediata de la vida en el mismo momento de la muerte. No existía la simple muerte, sino, solamente, muerte y regeneración; y esta era la clave del himno a la vida reflejado en dicho arte.” Marija Gimbutas, “El lenguaje de la Diosa. 

 

Arte neolítico de la Vieja Europa
Arte neolítico de la Vieja Europa

 

En el mismo sentido que Gimbutas, el reputado arqueólogo griego Nikolaos Platon,   resume a continuación las características del arte cretense preindoeuropeo, así como el tipo de organización social de aquella cultura insular. Una descripción que puede considerarse como perfectamente extrapolable al resto de áreas culturales que conformaban la Civilización de la Vieja Europa:


“Su cultura parece haber sido básicamente igualitaria, pacífica, próspera y jovial. Sus ciudades carecían de muros defensivos, y en su arte no se aprecian escenas de violencia. Aquí la sucesión se transmitía por línea femenina y el conjunto de la vida estaba impregnado por una ardiente fe en la Diosa Naturaleza […]. Su arte, a la vez grácil y realista, entona un himno a la naturaleza lleno de formas ondulantes y dinámicas, revolotean las abejas, saltan gozosos los delfines, ondean las serpientes, vuelan libres los pájaros. Todo fluye, como atestiguara Heráclito muchos siglos después. En el centro de las escenas suele estar la Diosa, a menudo representada como una bella muchacha de pechos descubiertos, a veces rodeada de sacerdotisas y jóvenes varones. Las figuras humanas aparecen llenas de vida, plácidas, espontáneas, siempre gesticulando, en marcado  contraste con las rígidas poses del arte egipcio de la época. Asoma una cultura basada en la celebración de la vida. No hay hordas ni estados sino poblaciones autónomas de varios miles de habitantes; se conoce la metalurgia, pero no se aplica para fabricar armas; no se levantan fortificaciones ni hay signos de violencia, pero existe un arte floreciente... su culto está guiado por mujeres y la descendencia pasa por línea femenina, pero no hay dominio sobre los hombres sino igualdad entre los sexos”. Nikolaos Platon, “Creta.” 

 

 CULTURA CRETENSE. En Creta se dan más de 6.000 años ininterrumpidos sin guerras. Fue el último lugar en el que la cultura de la Vieja Europa permaneció intacta (hasta finales de la Edad del Bronce).
CULTURA CRETENSE. En Creta se dan más de 6.000 años ininterrumpidos sin guerras. Fue el último lugar en el que la cultura de la Vieja Europa permaneció intacta (hasta finales de la Edad del Bronce).

 

Del mismo modo, la escritora Casilda Rodrigáñez afirma que el arte preindoeuropeo es un fiel reflejo simbólico de la organización social y de la visión del mundo que tenían las culturas de la Vieja Europa:

 

“Desde el punto de vista cultural, lo que caracteriza a algunas sociedades neolíticas desenterradas, es un orden simbólico no manipulador, que recrea y emula el continuum gaiático. Algunos investigadores lo han llamado acertadamente Cultura de la Celebración de la vida. Lo que llama la atención más que ninguna otra cosa, es que es un arte que discurre sobre la vida misma, sin despegarse de ella, que consigue captar y fijar en sus obras los rasgos de la vida: la interacción entre lo vegetal y lo animal, los movimientos asociativos, la diversidad de las formas, la armonía del caos, los ciclos, la noción del tiempo en la vida, la generación y la regeneración, la sucesión, el continuum; la calidez, el bienestar, la alegría de la vida autorregulada. Desde el punto de vista social, se caracteriza por la ausencia de jerarquía y de cualquier tipo de jefaturas o de instancias superiores, ausencia de jerarquización entre los sexos, ausencia de acotaciones territoriales, de guerras y de violencia, ausencia también de símbolos de prestigio o de poder." Casilda Rodrigáñez, "El asalto al Hades"

 

Cómo ya hemos reseñado al principio de este capítulo, esta cosmovisión neolítica no fue un atributo único de las culturas de la Vieja Europa, sino que a tenor de la similitud entre las expresiones artísticas halladas en yacimientos arqueológicos de un inmenso espacio geográfico que abarca desde la Europa Atlántica hasta el Valle del Indo, parece evidenciar que una misma forma de comprender y actuar sobre el mundo fue compartida, en sus aspectos esenciales, por todas las culturas de la Era neolítica preindoeuropea. Así por ejemplo, si tomamos como referencia al área geográfica preindoeuropea más distante de la Vieja Europa, la llamada Civilización del Valle del Indo, descubriremos como la cultura indígena drávida desarrolló una civilización gilánica muy similar a la que tuvo lugar en nuestro continente. En este sentido, Andrew Robinson, autor del libro “The Indus: Lost civilizations”, resumía así las características de esta cultura en un artículo para la revista New Scientist:

 

“La civilización del Indo floreció aproximadamente entre el 2600 y el 1900 a. C. Se han encontrado más de mil asentamientos que cubren al menos 800.000 kilómetros cuadrados de lo que ahora es Pakistán, India y Afganistán (…) Todas las señales apuntan a una sociedad próspera y avanzada, una de las más grandes de la historia. Tenía un vigoroso comercio de exportación marítima a través del Mar Arábigo, y los arqueólogos han encontrado objetos hechos en el valle del Indo en ciudades mesopotámicas como Ur y Akkad. Las dos ciudades más grandes del Indo, Harappa y Mohenjo-daro, contaban con una planificación de calles y alcantarillado dignos de los tiempos modernos, incluidos los inodoros más antiguos del mundo y un impresionante tanque de agua de ladrillo conocido como el Gran Baño. (….) Las principales ciudades no muestran signos claros de estar fortificadas. No se han encontrado armaduras ni armas indiscutiblemente militares, a diferencia de cuchillos, lanzas y flechas diseñadas para cazar animales. Tampoco hay evidencia del caballo, un animal muy adecuado para grupos de asalto, que luego se hizo común en la región. En casi un siglo de excavaciones, los arqueólogos han descubierto solo una representación de humanos luchando, y es una escena en parte mítica que muestra una deidad femenina con cuernos de cabra y cuerpo de tigre.(…) Hay una ausencia total de conspicuos palacios reales y grandes templos, no hay una representación monumental de reyes y otros gobernantes, no hay mucha diferencia entre las casas de ricos y pobres, no hay señales de dietas diferentes en los huesos de los esqueletos enterrados y no hay evidencia de esclavitud.” Andrew Robinson, “The Indus: Lost civilizations”

 

La cultura Harappa fue una de las más representativas de la Civilización del Indo
La cultura Harappa fue una de las más representativas de la Civilización del Indo

Como estamos viendo hasta ahora, esto no se parece mucho a la historia que nos contaron en la escuela. Y todo esto a pesar de que la antigüedad de estas civilizaciones preindoeuropeas se conoce ya desde los años sesenta gracias a la datación por carbono-14. Por tanto, su veracidad empírica es inapelable. Lo que se hace es, simplemente, no hablar de ellas. En su lugar, en nuestras escuelas se sigue relatando una historia antigua protagonizada por hombres guerreros más o menos poderosos según la fuerza de sus espadas y el poder de sus ejércitos. Nos han hecho interiorizar una única versión de la historia llena de fronteras, emperadores y guerras. Hasta finalmente conseguir que nos creamos que el concepto de “civilización” nace indisolublemente unido al poder, a la jerarquización social y a la esclavitud. Sin embargo, hoy es más necesario que nunca transmitir a las nuevas generaciones un nuevo paradigma educativo de la historia, en el que se enseñe que dichos imperios se fundaron sobre las cenizas de otros que no necesitaron subyugar a su población para mantener el modo de vida de unos pocos, y que existió un mundo anterior en el que floreció y se desarrolló nuestra verdadera y originaria naturaleza humana.

 

“Una conclusión fundamental extraíble de la información aquí expuesta, es que el hecho de la aparición del excedente, o la sociedad excedentaria, no parece ser en absoluto, y al contrario de la creencia común, el detonante que originó las guerras, las clases sociales, o la lucha por el poder. La sociedad neolítica era ya hasta cierto grado excedentaria (lo suficiente para desarrollar abundante arte, centros urbanos, comercio, etc.), y no cabe duda de que la calcolítica era generosamente excedentaria. La mayor parte de las sociedades calcolíticas coexistieron durante dos mil años sin guerras ni conquistas, y algunas mucho más que eso, adentrándose incluso hasta finales de la Edad del Bronce, como en el caso de Creta y Anatolia occidental, donde están registrados la friolera de 6.000 años de historia de civilización con sociedades desarrolladas sin signos de saqueos, guerras, destrucción, y todo tipo de representación o imaginería bélica […] podemos comprobar fácilmente que esos periodos pacíficos entre poblaciones desarrolladas superan a menudo el lapso que cubre toda la historia comúnmente conocida. La historia oculta es inmensa.” Joan Coy, “La Historia oculta”


 

* DOCUMENTAL: Si quieres profundizar en el conocimiento de las culturas de la Vieja Europa puedes ver este documental (audio en español) sobre la vida e investigaciones de la arqueóloga Marija Gimbutas: