"El tipo de sociedad esclavista que consiguieron imponer las oleadas de pastores seminómadas indoeuropeos que empezaron a asolar las antiguas aldeas y ciudades matrifocales, a partir del 4.000 a.C., al principio esporádicamente, no buscaban el bienestar y la armonía sino la dominación para extraer, acaparar y acumular las producciones de la vida; es decir, crear poder, a cualquier precio, con toda la violencia necesaria y con los quebrantamientos de la autorregulación de la vida que sus objetivos requisieran, con tal de sedimentar su poder contra esta vida humana autorregulada. Para esto, para devastar, luchar, conquistar, expoliar y acaparar se requiere un tejido social distinto del que se crea para el bienestar y conservación de la vida, partiendo de lo maternal. Un tejido de guerreros, de jefes de guerreros, de linajes de guerreros, de esclavos, de jefes de esclavos, de líneas de mandos, de mujeres disciplinadas y dispuestas a acorazar y adiestrar criaturas, es decir, de cambiar la maternidad por la construcción de los linajes verticales y organizar la crianza de esos futuros guerreros dispuestos a matar y esclavos dispuestos a dedicar sus vidas a trabajar para los amos.” Casilda Rodrigáñez. "El asalto al Hades"
En este tercer apartado sobre la Europa neolítica trataremos de exponer, de manera sintética y resumida, que ocurrió en nuestro continente para que las distintas expresiones culturales de los pueblos preindoeuropeos (mitología, lenguas, organización social...) fueran desapareciendo paulatinamente y dieran paso a una nueva forma de concebir el mundo radicalmente opuesta a la de la Vieja Europa.
La teoría sobre la irrupción en nuestro continente de las invasiones indoeuropeas (también conocida como hipótesis de los kurganes), que fue formulada originariamente por la arqueóloga Marija Gimbutas a mediados del pasado siglo, es hoy día la más ampliamente aceptada para explicar el vuelco cultural que sufrió nuestro continente en aquel tiempo histórico y su conocimiento es clave e imprescindible para conocer las raíces culturales primigenias de la autodenominada Civilización Occidental.
El origen de la guerra y del patriarcado
Según la hipótesis de la arqueóloga Marija Gimbutas, el ocaso de las culturas preindoeuropeas comenzó a fraguarse paulatinamente cuando aparecieron en escena los primeros pueblos indoeuropeos, cuyo origen geográfico estaba en las gran estepa póntica entre el Mar Negro y el Mar Caspio, lugar dónde pastoreaban sus rebaños de ganado. Esta zona geográfica, conocida como la estepa póntica, representaría el lugar originario (urheimat) desde dónde se expandió la lengua madre de los idiomas indoeuropeos que actualmente se hablan en la mayor parte de Europa.
Los indoeuropeos vivían en asentamientos elevados fortificados (castros) y eran sociedades ganaderas fuertemente jerarquizadas que se expandieron a sangre y fuego por Europa y Oriente Próximo a lomos de sus caballos y de sus carros de guerra. Su organización social era patriarcal, gobernada por jefes guerreros que adoraban a dioses celestes masculinos y que blandían la maza, el hacha o la espada de bronce como símbolos divinos con los que imponer por la fuerza sus designios. Según Gimbutas, se expandieron por la geografía de nuestro continente a través de tres grandes oleadas de infiltración: 4.400-4.200, 3.400-3.200 y 3.000-2.800 a.c.
"Eran pueblos de pastores seminómadas que vivían en grutas o pequeños poblados de temporada, conduciendo el ganado de un sitio a otro por las anchas estepas situadas entre el norte del Mar Negro y el Caspio, donde se sitúa probablemente su origen. Eran tribus organizadas según el sistema de jefatura y descendencia patrilineal, y adoraban a dioses guerreros masculinos. El hacha, el puñal y la espada constituían los símbolos del poder divino. Domesticaron el caballo y aprendieron la metalurgia del bronce de los caucásicos hacia el 3500 a/C, y aplicaron por primera vez los metales y los animales para la guerra. He ahí el salto cualitativo. A partir de entonces, y debido fundamentalmente al crecimiento demográfico y al cambio de clima atlántico a suboreal que desecó las estepas, empezaron a emigrar masivamente hacia Europa. Según la arqueóloga Marija Gimbutas, partiendo del Sur de las estepas de la actual Rusia, Bielorrusia y Ucrania, se extendieron en tres grandes invasiones, la última de ellas hacia 3000-2800 a/C.” Josu Naberan, “La vuelta de sugaar”
Mapa de las migraciones indoeuropeas desde el 4.000 a. C. al 1.000 a. C. de acuerdo con el modelo Kurgan. El área púrpura corresponde al supuesto urheimat (cultura de Samara, cultura de Sredny Stog). El área roja corresponde a la región donde se habrían asentado los pueblos indoeuropeos hasta cerca el 2500 a. C. aproximadamente, y el área naranja cerca del 1000 a. C.
Gimbutas denominó a estos pueblos de manera genérica con el apelativo de kurganes, en referencia a un tipo de enterramiento para sus jefes guerreros en forma de un gran túmulo (kurgan). En dichos enterramientos, el cuerpo del jerarca masculino se disponía junto a gran cantidad de ofrendas que solían incluir sus armas y su carro de guerra, así como animales (caballos) o humanos sacrificados ritualmente.
”Se trata de unos pueblos seminómadas procedentes de las estepas meridionales de Rusia, al norte de los mares Negro y Caspio, que dejaron tras de sí un conjunto arqueológico muy característico que Gimbutas denominó como Cultura de los kurganes. Un kurgán es un túmulo funerario que consiste en una cabaña de madera enterrada bajo un montículo de tierra y rocas. En estos enterramientos encontramos también por primera vez evidencia de estratificación social: en los túmulos más grandes y suntuosos con frecuencia aparecen esqueletos de hombres excepcionalmente altos o de grandes huesos junto con cuchillos, hachas de guerra, huesos de caballo, e incluso esqueletos de personas probablemente sacrificadas a su alrededor, generalmente mujeres y niños.” Joan Coy, “La historia oculta”
Del mismo modo, dichos enterramientos muestran una nueva y profunda jerarquización de género que rompió con el igualitarismo de las culturas matrísticas preindoeuropeas. Así lo evidencia un estudio genómico presentado en la revista Nature (Massive migration from the steppe is a source for Indo-European languages in Europe) y que resume el portal de divulgación científica SINC en este artículo:
"Además de ciertas innovaciones tecnológicas, como la invención de la rueda y la producción de herramientas y armas de bronce más eficaces, se observa un cambio en los rituales funerarios. Ahora las tumbas pasan a ser individuales, y las diferencias en el tratamiento ritual de hombres y mujeres son cada vez más marcadas. Los ajuares funerarios más ricos, formados por herramientas, armas especializadas y adornos de metal, están concentrados en un grupo reducido de tumbas masculinas. La vinculación entre individuos masculinos, poder y metalurgia se da incluso en las regiones que no disponen de recursos mineros, y se subraya en el ritual funerario mediante la colocación de crisoles y yunques junto al cuerpo del difunto. Este ritual funerario, que pretende destacar unas diferencias sexuales y económicas basadas en el control de la tecnología y los medios para ejercer la violencia, es precisamente el que comienza a introducirse en Europa central y occidental desde el Cáucaso y las estepas rusas hace unos 5.000 años." UAB, "Las lenguas indoeuropeas viajaron con los pastores desde el Este de Europa."
De la Gran Enciclopedia Larousse hemos extraído este cuadro comparativo entre las características de la cultura de la Vieja Europa preindoeuropea y la cultura de los kurganes:
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CULTURA VIEJA EUROPA |
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CULTURA DE LOS KURGANES |
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Economía: Agrícola sedentaria |
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Economía: Ganadería extensiva nómada |
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Hábitat: Grandes pueblos. 500 -20.000 habitantes |
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Hábitat: Pequeñas poblaciones móviles |
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Estructura social: Sociedad igualitaria, matrifocal |
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Estructura social: Sociedad jerárquica, patriarcal |
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Ideología: Pacífica, artística |
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Ideología: Militar, conquistadora |
La irrupción preindoeuropea trajo consigo, por tanto, un nuevo tipo de organización social jerárquica y patriarcal que se impuso, al menos, inicialmente, a través un fenómeno cultural desconocido hasta entonces por las pueblos preindoeuropeos: la guerra.
"La despiadada imposición de una mitología foránea, una ética guerrera, y costumbres jerárquicas sobre los pueblos agricultores de la Vieja Europa prácticamente eliminaron la cultura precedente. El trastorno y el sufrimiento causados por las tribus nómadas, la huida incesante de pueblos desplazados durante todo el cuarto milenio a.c., pueden imaginarse sólo comparándolos con los sucesos transcurridos en el siglo XX en la Europa central y oriental (curiosamente, se trata casi de la misma área que la Vieja Europa), cuando tantos pueblos aterrorizados, atrapados entre ejercitos altamente mecanizados, no tenían hacia dónde huir. Según Gimbutas, las tribus kurganes cambiaron el curso de la prehistoria europea, al imponer una cultura que era estratificada, pastoril, nómada y orientada a la guerra sobre una cultura que era agrícola y sedentaria, igualitaria y pacífica. Su sistema social estaba jerarquizado, y su sacerdocio era masculino. Practicaban sacrificios humanos, eligiendo para ello particularmente el caballo, e inmolando vivos a las viudas e hijos de sus jefes muertos junto a ellos." Anne Baring y Jules Cashford, "El mito de la Diosa"
Los rastros de estos saqueos pueden seguirse perfectamente a través de los estratos arqueológicos de los yacimientos prehistóricos, dónde son claros los signos de destrucción que dejaban a su paso los guerreros indoeuropeos (sobre el porqué de está nueva actitud y visión del mundo ver "Una hipótesis sobre el origen de los sistemas de dominación").
“Las dagas de bronce, las alabardas, los mazos y las hachas de guerra y las flechas de puntas de pedernal encontradas en numerosos sitios arqueológicos, junto con los ídolos masculinos, permiten seguir con exactitud las rutas de aquellos indoeuropeos. A partir de entonces se notan cambios profundos en los registros arqueológicos: aparecen muchas armas, pero desaparecen el sistema de símbolos y el arte de la Antigua Europa neolítica; se nota el hundimiento de la agricultura y el auge de la ganadería, la decadencia de las ciudades y el aumento del nomadismo; la abundancia de los ídolos masculinos y la desaparición de las representaciones de la diosa”. Josu Naberan, “La vuelta de Sugaar”
“El arma de bronce, la espada, el puñal, el hacha de guerra van a reducir todo ello a la nada.(…) Ahora bien, las poblaciones autóctonas, aun las más pacíficas, no se dejaron reducir voluntariamente por aquellos guerreros más experimentados que ellos. Y así, a comienzos de la Edad de Bronce se encuentran diseminados por toda Europa Occidental huellas de combates, restos calcinados, cuerpos atravesados por flechas, y sobre todo la preponderancia de una civilización muy diferente a la anterior” J.C.Perpere, “Les Pierres qui Parlent”.
"Se truncaron tradiciones milenarias; ciudades y pueblos se desintegraron, desaparecieron piezas de cerámica magníficamente pintadas, al igual que santuarios, frescos, esculturas, símbolos e inscripciones. Se debilitó el gusto por la belleza y la sofisticación en el estilo y en la realización de las piezas. Desapareció el uso de los colores brillantes en casi todos los territorios europeos, excepto en Grecia, las Cícladas y Creta, donde las tradiciones de la vieja Europa continuaron durante tres milenios más, hasta el 1500 a. C." Marija Gimbutas
Los estudios genéticos corroboran las tesis de Gimbutas
La hipótesis de los kurganes, como teoría que explica la expansión de las lenguas indoeuropeas y de las culturas jerárquicas patriarcales, ha sido durante las últimas décadas objeto de grandes controversias. Sin embargo, la irrupción de recientes estudios genéticos en dicho debate, que permiten a los investigadores determinar cuales fueron las rutas migratorias de nuestros ancestros, están confirmando (para sorpresa y perplejidad de muchos) la mayor parte de los planteamientos de Gimbutas.
Dichos estudios también nos revelan que en nuestro continente hubo otra gran movimiento de población anterior a las invasiones indoeuropeas, aproximadamente hace unos 8.000 años desde Anatolia y Oriente Próximo. Sus protagonistas fueron los primeros agricultores neolíticos del llamado Creciente Fértil, que expandieron este nuevo conocimiento por nuestro continente y se mezclaron paulatinamente con las culturas cazadoras-recolectoras sin aparente conflicto. Este falta de conflictividad pudo ser debida a que, como ya hemos expuesto en la primera parte de este trabajo, los pueblos preindoeuropeos de Oriente Próximo y los de Europa compartían, en esencia, una misma cosmovisión y presumiblemente, una misma familia idiomática. Una de las posibles rutas de emigración que siguieron estos pueblos agricultores pudo ser la marítima que une Grecia, Italia, Francia y la Península Ibérica (pues ya en el sexto milenio a.c. aparecen barcos de vela dibujados en ánforas de las Islas del Egeo).
El segundo gran desplazamiento poblacional, que comenzó hace unos 5.000 años, ya si sería el de los Kurgos. Más que migración, podemos catalogarla como invasión, pues los estratos arqueológicos dan muestras evidentes de guerras y saqueos. En vez de agricultores, estaba protagonizado por pueblos eminentemente ganaderos, cuya irrupción esta vez si que produjo un vuelco cultural y lingüístico. Así, en el año 2015, se presentaron las conclusiones de un macroestudio genómico internacional coordinado por el prestigioso genetista David Reich de la Universidad de Harvard y presentado en la revista Nature. Las conclusiones de dicho estudio las contaba el periodista Javier San Pedro en un artículo para el diario "El País":
"Los genomas de 69 europeos de 8.000 a 3.000 años atrás, confirman la “hipótesis de la estepa” (o “de los kurganes”), avanzada en los años 50 del siglo pasado por la arqueóloga lituano-estadounidense Marija Gimbutas (1921-1994), que reunió evidencias de que la patria de los proto-indoeuropeos era la llamada estepa póntica, formada por las inmensas praderas al norte de los mares Negro y Caspio. Hace 4.500 años, los ganaderos Yamnaya que vivían allí, se extendieron por Europa gracias a sus flamantes carros de ruedas." Javier San Pedro, “Las lenguas indoeuropeas se propagaron sobre ruedas” - El País, 5/3/2015
En este macroestudió ha participado también el arqueólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona Roberto Risch, cuyas valoraciones eran recogidas en un artículo del periódico La Vanguardia:
"Estos pastores venidos de la estepa ya no ponen el énfasis en la colectividad sino en el individuo; no son igualitarios, sino que un pequeño grupo de hombres acapara riqueza; aparecen diferencias muy marcadas entre hombres y mujeres; y desarrollan una cultura política de poder basado en la violencia. Forman comunidades pequeñas y móviles, que se desplazan gracias a la invención de la rueda y del carro, y fabrican armas con bronce, no para cazar, sino para ejercer la violencia”. Roberto Risch - La Vanguardia, 2/3/2015
En otro artículo publicado en marzo del 2018 en la revista científica Nautilus, el genetista David Reich nos ofrece el revelador dato de que allá dónde llegaban los invasores yamna (kurgos), el cromosoma Y (linaje paterno) de las estepas comenzaba a predominar entre la población, lo cual parece indicar que los invasores indoeuropeos suplantaban a la población masculina y procreaban con las mujeres locales (es de suponer que por la fuerza):
"La reconstrucción de Gimbutas ha sido criticada como fantástica por sus detractores, (...) Sin embargo, datos de ADN antiguo han mostrado que la cultura yamna era una sociedad en la que el poder estaba concentrado en manos de una elite masculina formada por un pequeño número de linajes. Los cromosomas Y (linaje paterno) que llevaban los yamna eran casi todos de unos pocos tipos, lo que muestra que un número limitado de hombres debieron ser extraordinariamente exitosos en expandir sus genes. Por el contrario, en su ADN mitocondrial (linaje materno), los yamna mostraban secuencias diversas. Los descendientes de los yamna o sus parientes cercanos expandieron sus cromosomas Y en Europa y la India, y el impacto demográfico de esa expansión fue profundo, dado que los tipos de cromosoma Y que llevaron estaban ausentes en Europa y la India antes de la Edad del Bronce, pero predominan hoy en ambos lugares. Esta claro que la expansión yamna no pudo ser pacífica." David Reich, “Social inequality leaves a genetic mark”
Por tanto, sería más correcto utilizar en dichos estudios genéticos el termino "invasión" en vez del de "migración". Así lo sugieren las conclusiones de otro estudio genetico del 2017 en el que ha participado el profesor de genética de la Universidad de Uppsala (Suecia), Mattias Jakobsson, quién nos ofrece otro revelador dato: las migraciones indoeuropeas estuvieron formadas en más de un 90 % por hombres. Es decir, una invasión guerrera que suplantaba a los hombres autóctonos, a la par que esclavizaba a sus mujeres con fines reproductivos.
"Los analisis genéticos permiten afirmar que aproximadamente el mismo número de hombres y mujeres participaron en la migración de los agricultores de Anatolia en Europa. Sin embargo, para las migraciones posteriores desde la estepa póntica durante la Edad del Bronce temprana, encontramos un sesgo masculino muy fuerte. Se ha observado que hay muy pocos cromosomas X de los migrantes yamna, lo que indica que había quizá una decena de hombres migratorios por cada mujer migratoria." Mattias Jakobsson, Noah Rosenberg, et al. “Ancient X chromosomes reveal contrasting sex bias in Neolithic and Bronze Age Eurasian migrations”
Y el mismo patrón se repite en la geografía ibérica. Así, en Octubre del 2018 David Reich presentó en una conferencia en Londres, organizada por la revista New Scientist, las conclusiones de un estudio genético sobre las poblaciones ibéricas de hace 4.500 años, momento en el que hace irrupción en la Península la cultura yamna. Según Reich, allá dónde su equipo ha tomado muestras, se ha encontrado con una suplantacion generalizada de los individuos nativos masculinos por parte de los guerreros yamna. Así explicaba lo que para él sugerían los datos genéticos recopilados:
"La colisión de estas dos poblaciones en la Península Ibérica no fue amistosa, ni siquiera igual, sino que los varones de fuera desplazaron a los locales y lo hicieron casi por completo, mientras que las mujeres habrían sido esclavizadas." David Reich, "New scientist"
En este sentido, el arqueólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona Roberto Risch, comenta sobre los datos genéticos extraídos en restos de individuos del yacimiento de Labastida, en Murcia:
"Para nuestra inmensa sorpresa, nos hemos dado cuenta de que la Península Ibérica no solo fue colonizada por la primera migración neolítica de hace 8.000 o 9.000 años, sino también por otra muy posterior, de hace 4.500 años (2.500 AC), y portadora de una cultura muy diferente. Una cultura con carros de cuatro ruedas y hachas de guerra manufacturadas en bronce. (...) Las tumbas de los hombres guerreros, acaparan desde entonces casi todo el armamento, los adornos y las muestras de riqueza, y la arqueología revela marcados signos de una sociedad jerárquica que rompió con el antiguo igualitarismo del neolítico temprano." Roberto Risch,“Massive migration froom de stteppe... (nota de prensa de la UAB)
El impacto de todos estos recientes estudios genéticos ha sido tal que, el gran arqueólogo de la Europa neolítica Colin Renfrew, conocido por su hipótesis (enfrentada a la de Gimbutas durante décadas) de que las lenguas indoeuropeas se expandieron desde Anatolia hace 8.000 años a través de la primera migración de agricultores de la que hemos hablado anteriormente, ha admitido públicamente que Marija Gimbutas estaba en lo cierto y él no,
Renfrew, quien en su juventud compartió trabajos e investigaciones con Gimbutas, comenzó posteriormente a criticarla severamente cuando ella saco a la luz la hipotesis de los Kurganes. Su enfrentamiento fue un clásico de los círculos académicos sobre la materia. En una actitud que le honra, en noviembre de 2017 dio una conferencia en el Oriental Institute de la Universidad de Chicago en homenaje a Marija Gimbutas titulada "Marija Redviva: DNA and indoeuropean origins". Renfrew finalizó su ponencia diciendo que, a tenor de la más recientes evidencias arqueogenéticas: "la hipótesis de Marija ha sido magníficamente reivindicada."