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Próxima edición del libro del libro "En el vientre de Mari"

En el Vientre de Mari (2020). Oleo de Paz trequil.
En el Vientre de Mari (2020). Oleo de Paz trequil.

Estamos actualmente inmersos, junto a nuestros amigos de Cauac Editorial Nativa, en el trabajo de pre-edición del nuevo libro de Guillermo Piquero. Un trabajo que llevará por título "En el vientre de Mari" y que girará en torno a al numen central del universo mitológico vasco, Mari, desde una perspectiva indígena y preindoeuropea. Muy pronto, más noticias al respecto.

 

He aquí un extracto:

 

"... Y así, Ama Lur, como cualquier otro ser viviente, también tiene su propia ánima. A este espíritu universal de la naturaleza (anima mundi), que a su vez contiene a todos los demás, los vascos le llaman Mari, una denominación local para referirse a la misma fuerza de la naturaleza que hoy en día se conoce bajo el genérico nombre de Gran Diosa y que según la evidencias del arte simbólico y las mitologías arcaicas, constituía el pilar central de la cosmovisión indígena europea. Y de la misma forma que todos podemos comprender el concepto simbólico de que el alma o el espíritu de cada persona se encuentra en el interior de su cuerpo, nuestros ancestros creían, de igual manera, que el espíritu de la Tierra habitaba bajo la corteza terrestre, en un reino uterino donde se gestaba y regeneraba la vida que se desarrollaba en la superficie. Esta es la clave para entender de que están hablando muchas cosmovisiones indígenas actuales cuando se refieren al Mundo Subterráneo como la dimensión espiritual de la que procede y a la que regresa (tras morir) todo ser vivo; y clarifica de igual modo la comprensión de cuál es el verdadero significado que subyace tras la definición de Mari como una divinidad “ctónica o subterránea”.

 

Nuestros ancestros se comunicaban con este Reino Subterráneo a través de ritos y ceremonias que tenían lugar en determinados lugares sagrados, que eran identificados como puertas o aberturas que conducían real o simbólicamente hacia el subsuelo (cuevas, simas, dólmenes, sepulturas,…) y que evocaban en sus formas, naturales o arquitectónicas, a la matriz de la Diosa. A tenor de estas evidencias simbólicas, entrar (en espíritu) en dicho Mundo subterráneo debió significar para nuestros antepasados un retorno al útero primordial, a un mundo paralelo al nuestro en el que habitaban los antepasados, pero que no era sinónimo de muerte (como el infierno cristiano), sino de regeneración y de renacimiento (como lo demuestra el hecho de que a lo largo de decenas de miles de años de prehistoria, pervivió el rito funerario de enterrar a los difuntos en posición fetal). Así, en yacimientos arqueológicos del Neolítico preindoeuropeo, se han encontrado hornos de pan de 7.000 años de antigüedad cuya bóveda imita el vientre de una Gran Diosa gestante. Imaginémonos pues el útero incandescente de Mari y tendremos una imagen arquetípica perfecta de lo que en realidad representaba el infierno para nuestros antepasados..."